26 Oct
2006

Escala en Estambul

cuerno-de-oro.jpgCuando el capitán del Queen Berta -que se había vestido de gala, y tomaba el té en cubierta con varios ilustres pasajeros- reveló en rigurosa primicia que el famoso Hércules Poirot había subido a bordo en Mykonos, algunos de sus invitados le miraron con cierta aprensión.

-¿Hércules Poirot? –dijo una vieja dama, tocada con un anticuado recogido victoriano-. Oh, my god. Tuve la oportunidad de conocerle en una ocasión, en El Cairo. Qué hombre. Tan pringoso, tan perfumado y repeinado… y siempre con algún caso que resolver.

-Pero, ¿por qué utiliza ése tono para referirse a él, condesa? –le reprendió el capitán-. No me parece correcto. Se trata de Poirot. Sin duda alguna, el mejor detective del mundo, y tal vez el más famoso.

-Ya… Eso no lo negamos –dijo otro pasajero, vestido de levita, que movía ruidosamente su cuchara dentro de la taza de té-. Pero usted comprenderá que llevar a Hércules Poirot en el pasaje es, por decirlo de alguna manera, altamente preocupante, ¿no?

-¿A qué se refiere usted? –se sorprendió el capitán-. ¿Hay algo en concreto del señor Poirot que le moleste? Puedo asegurarle que a pesar de su aspecto, un tanto grotesco, cuando se le conoce en persona resulta una persona extraordinariamente divertida e ingeniosa. Créanme, señores, no hay ocasión de aburrirse con messieu Poirot.

La sirena del Queen Berta aulló varias veces seguidas, anunciando a toda bocina su presencia en el Cuerno de Oro. Los reunidos levantaron por un momento la vista hacia los voluptuosos pilares de humo negro que salían de las chimeneas de los cargueros. Hubo una respuesta de bienvenida, y algunos pescadores les saludaron. Las gaviotas viejas del puerto, muy mal educadas, volaban cerca del servicio de té, y a veces conseguían robar una pasta de coco.

Después de beber un delicado sorbo, una mujer atractiva -vestida como un chico- posó la taza manchada de carmín sobre la mesa, y sentenció:

-Si ése francés -perdón, ése belga- no abandona el barco en ésta escala, me bajo inmediatamente. Aunque tenga que salir de Estambul por mis propios medios.

El capitán del Queen Berta, que alguna vez estuvo encantado de recibir en su nave a Hércules Poirot, fue incapaz de comprender la postura de su pasajera, y ensalzó la figura del detective, una vez más:

-Pero, damas y caballeros, ¡estamos hablando de Hércules Poirot! –exclamó, y lo repitió, como para sus adentros: “Hércules Poirot”-: ¿Por qué no le quieren ustedes por compañero de viaje?

-Es evidente –respondió un joven que, en lugar de té, bebía vodka-; cuando aparece ése tal Poirot, siempre se comete un asesinato. No resulta nada tranquilizador verle por aquí.

El viajero de la levita le dio la razón:

-Yo he contratado un crucero de relax. No quiero líos. Si Poirot no se baja ahora mismo, nosotros le sacaremos del Queen Berta por nuestros propios medios. ¿Están ustedes conmigo?

Todos asintieron con la cabeza.

-Entonces, esto es un motín –constató el capitán.

Cuando el barco atracó por fin en Estambul -y sólo tras estampar su cotizado autógrafo en el cuaderno de bitácora del desolado capitán- Hércules Poirot tuvo que abandonar el Queen Berta, y se vio obligado a tomar el Orient Express.

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6 comentarios »

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  1. matasellos
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    Enrique Mochales said,

    Octubre 26, 2006 @ 6:31

    Nota:

    Aunque tenga un aire antiguo, la fotografía que ilustra éste relato fue captada con una sencilla cámara de usar y tirar en el Cuerno de Oro, Estambul, en 1998.

    Mi amigo Pánfilo os podría contar un montón de cosas sobre la magia oculta de los objetivos cutres, las cámaras antiguas, y las fotografías sobre fotografías…

  2. matasellos
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    jaguai said,

    Octubre 26, 2006 @ 6:55

    Conocí el triste caso de un pobre cantautor (el amigo del amigo de un amigo) al que le precedía su fama de Don Juan. En una ocasión se dejó ver en solitario por una fiesta-jardin, de esas de estilo burgués, con sus parejitas, orquestita, baile y etc.. A la hora que era, la mayoría de los invitados llevaban puesta, además de su levita alquilada, una buena dosis de alcohol y demás. El sentido de su presencia enseguida provocó el desasosiego de algunos maridos. Ni corto ni perezoso, el más bravucón empezó a increparle sin venir a cuento, degenerando en una pelea a puños y patadas, de la que todos los mariditos participaron. El pobre hombre acabó en el hospital. Sin duda, cuando le contrataron para amenizar la fiesta, no debió entender el amplio significado de la palabras.
    Pero lo peor de todo es que, desde este hito, y dada la nueva fama que le precedía, cada vez que actuaba se hizo costumbre su humillación, bien a golpes o bien verbal.
    Asi que eso es lo que tiene la fama cuando te precede. Poirot debió darle gracias a Dios.

  3. matasellos
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    jaguai said,

    Octubre 26, 2006 @ 7:22

    Por otra parte, y ciñendome a tu espléndido relato, me pregunto: ¿Acabó ocurriendo algún asesinato en el Queen Berta o lograron desprenderse del maleficio? Yo desde luego me hubiera puesto de parte de los pasajeros. Creo en el magnetismo criminal de los detectives. Sobre todo los de ficción.

  4. matasellos
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    wito said,

    Octubre 26, 2006 @ 23:47

    Si hubieran sabido los del Orient Express ese hecho, no le hubieran dejado salir jamás del Queen Berta. O tal vez, la señora Christie, prefería que todo transcurriera en el Orient Express y por ello, bajo pseudónimo y convenientemente camuflada, instigó a la tripulación para organizar el motín…
    ;-)

  5. matasellos
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    wito said,

    Octubre 26, 2006 @ 23:49

    Otro dato que me resulta curioso es que Poirot tomase el barco en Myconos. Igual era gay.

    (Como mola inventar biograficciones)

  6. matasellos
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    Pati @-;-- said,

    Noviembre 15, 2006 @ 1:01

    Qué mala copia de Mondo Mochales. Les debería dar vergüenza no sólo el plagio, sino además el ser tan ingenuos como para creer que nadie se percatará de ello.

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