2006
Nos veremos ayer
(Dedicado a Xaguar, de quien he tomado prestado el seudónimo sin su permiso)
El fragor de una motora molestó al jefe Xaguar a la hora de su siesta. “Qué pesado es el hombre blanco”, pensó.
-Saludos, jefe –dijo el forastero, viejo conocido de los indígenas.
Se le había visto por el poblado hacía tan solo dos lunas, así que el visitante era -desde una óptica occidental- como el vecino que siempre se encuentra uno en el ascensor. A causa de su calvicie y su barba, se le conocía por “el hombre que lleva el pelo al revés”.
El jefe levantó la pipa, y enseñó los renegridos dientes en señal de bienvenida. Después le invitó a sentarse a su lado.
-¿Recuerda de lo que hablamos hace un par de meses, jefe Xaguar? –dijo el recién llegado, que chapurreaba esforzadamente la lengua de su anfitrión-. Han pasado sesenta días desde entonces, y hoy es jueves.
-¿Hoy es jueves? ¿Por qué? –preguntó el jefe, que tuvo la delicadeza de responder en el idioma del visitante.
-Porque mañana es viernes- razonó el hombre barbudo, y añadió-: Pasado sábado, y, al otro, domingo.
-Así que, ¿en toda la selva es jueves? –se extrañó el jefe- ¿Y cómo es que la selva no lo sabe?
-Admiro su sentido del humor, jefe –se sonrió el blanco de la cara peluda-, pero la realidad es que hoy es jueves. Mañana será viernes, y llegarán los bulldozers, ¿lo recuerda? Hablamos de ello hace dos lunas. Tiene usted que marcharse con su tribu cuanto antes a otro lugar. Esos hombres llevan armas de fuego, con las que pueden matar a mucha distancia, armas mejores que las suyas –explicó-; sus flechas, sus lanzas y sus machetes son recuerdos del ayer, no tendrían ninguna oportunidad contra sus M16 y sus kalashnikov. Ni siquiera yo puedo ayudarles. Sólo he venido para advertirles de que es mejor que se vayan.
-¿Nuestras armas son recuerdos del ayer? –repitió el jefe, como si reflexionase hondamente sobre lo que había de verdad en esas palabras. Por un momento, pensó en cortarle la cabeza al barbudo de un machetazo. Lo había hecho otras veces, con otros hombres extranjeros, veinte veces más fuertes que él. En un pasado no tan remoto, siempre había alguna cabeza humana adornando la puerta de su choza. Pero, de un tiempo a esta parte, el Gobierno perseguía tenazmente a los asesinos de blancos. Además, el jefe Xaguar ya era viejo, estaba cansado, y le daba pereza.
-Por eso tiene tanta importancia que mañana sea jueves –prosiguió el barbudo, sin sospechar siquiera que, durante unos pocos segundos, su vida había corrido un serio peligro-. En realidad, deberían ustedes aprender más sobre los hombres blancos, y familiarizarse con su forma de pensar, de organizarse, y, sobre todo, con sus leyes. La única forma de defenderse de los madereros es luchando contra ellos mediante sonadas batallas legales, no con arcos y flechas. ¡Que el mundo sepa lo que está sucediendo aquí! Eso, y la escolarización de los niños, son dos factores fundamentales para la supervivencia de la tribu. Solamente de esta forma se podría detener la extinción de vuestro pueblo, y preparar a sus descendientes para el día de mañana.
El jefe liberó un eructo, porque hubiera sido de muy mala educación reprimirlo. Después, el sordo rumor de un avión lejano que recorría el firmamento le hizo levantar los ojos al cielo. Cuando, de joven, escuchó el primero, creyó que era una señal de los espíritus de sus antepasados. Después se acostumbró a ellos. Cada vez pasaban más frecuentemente.
Asumiendo con resignación que tenía que organizar la marcha -procurando no asustar demasiado a los suyos- reunió a la tribu, y proclamó, en un achuar-shiwiar tan cerrado que al extranjero se le escapó la mitad:
-Gente. Escuchadme. No comprendo lo que “el hombre que lleva el pelo al revés” entiende por “jueves”. Quizás se refiera al día en que, después de nuestra labores cotidianas, salimos a la selva y bebemos natema -se escucharon algunas risas-. De todas formas, teniendo en cuenta que nuestro amigo dice que si no conocemos el jueves, grandes desgracias caerán sobre nosotros, desde ahora hoy es jueves –sentenció el jefe Xaguar, para rematar acto seguido-: Y mañana, martes.
-Eso no es totalmente correcto, jefe –replicó el blanco, que había logrado entender, a pesar de todo, sus últimas palabras-. Mañana será viernes.
-No -insistió el jefe-, mañana es martes. Es el día en que recogemos. Dentro de cuatro días y cuatro noches, deberíamos habernos marcharnos de aquí, como es costumbre, para no molestar a la selva con el peso de nuestras pisadas. Y coincide con tu martes, “el día que la tribu se va a otro lado”. Así que mañana es martes.
-De acuerdo, jefe Xaguar, adelante el martes si le da la gana –se resignó el otro-. Como usted quiera. Lo único que le pido es que me indique su rumbo, para poder efectuar un seguimiento de sus pasos. Es la mejor forma que hay de proteger a su tribu. ¿Hacia dónde se dirigirán?
-No lo sé- dijo el jefe-. Eso depende de lo que hagamos ayer.
-¿Ayer? –El fornido hombre de la barba rió con ganas. A veces tenía la impresión de que el jefe le tomaba el pelo-. Présteme atención, jefe Xaguar: “ayer” es un concepto para expresar el pasado -explicó-, un lugar adonde no se puede regresar jamás.
Un mono cercano soltó una carcajada diabólica, como si se estuviera burlando.
-En eso, el hombre blanco se equivoca -respondió el jefe-. Nos veremos ayer, pero mañana no creo.
-¿Y dónde está ayer? –preguntó, irónicamente, el otro.
-Por allí –contestó el jefe, señalando hacia lo más virgen, frondoso e intrincado de la selva.

jaguai said,
Octubre 31, 2006 @ 9:34
Babel.
Los indios tienen su particular visión de las cosas.Y siempre estarán más cerca de la verdad que nosotros los alienados.
Por otra parte me recuerda a lo que pasa este puente. Hoy es martes, pero para mi es viernes. Y sin embargo mañana miercoles será domingo.
Enrique Mochales said,
Octubre 31, 2006 @ 9:42
Por ahí va la cosa.
¿A quién no le gustaría tener una maquinita de bolsillo para elegir el día que quieres vivir pulsando un botón?
jaguai said,
Octubre 31, 2006 @ 9:53
jo, que peligro tendría eso. Moririamos cirróticos. O vete tu a saber como.Pero moririamos rápido.
xaguar said,
Noviembre 1, 2006 @ 16:14
Caray… lo que diera yo por ser yo.
Profunda y melancólicamente me acordé de don Juan Matus. Curiosas cosas las que pasan por la interné.
Un agradecimiento por la -forzuda- dedicatoria. Resultó ser como anillo al dedo, como si me conocieras de hace mucho Mochales.
En fin, que un día de estos me cruzo el charco y nos tomamos todos unas birras. (y tomados de las manos con sombreros de elfo)
Saludetes.
funcio said,
Noviembre 2, 2006 @ 4:26
Muy chulo el relato.
Hay un librillo muy divertido titulado “los papalagui” que recoge, -transcritos por un alemán viajero-, los discursos de un jefe samoano a su pueblo tras haber visitado la locura de una ciudad “civilizada”.
Hay un tema muy simpático a propósito del recurrente “no tener tiempo”.
Otras cuestiones como los edificios de viviendas (”cestas de piedra”), el cine (”pseudo-realidad” creo que lo llamaba, pero tengo muy mala memoria), o el sentido de la propiedad son también bastante… deprimentes, la verdad.
Si localizo un ejemplar, ya te lo llevaré a la siguiente cita cervecera.
Enrique Mochales said,
Noviembre 2, 2006 @ 4:34
Estaré encantado, Funcio… se te echaba de menos.
Xagüar, cuando quieras nos tomamos una birrita o un tequila… quién sabe.