Volverá a sonreír con la misma alegría de antes y hará feliz a su pareja. Su economía atraviesa una buena racha y es una excelente ocasión para ayudar a alguna ONG. En cuanto al trabajo, ayúdese de los últimos avances tecnológicos. Desconecte de los problemas y dedique su tiempo libre a hacer ejercicio, decía el horóscopo.
A menudo estoy esperando una llamada de teléfono, tan solo un ring que nunca suena, y una espantosa soledad me ahoga, sobre todo a media tarde, cuando la oscuridad se cierne en el patio interior y parece que he estado perdiendo el tiempo durante todo el día. Entonces, llegada la hora, cierta hora en que la manecilla del reloj suena más que de costumbre en el silencio de la casa materna, abro mi mueble-bar, que no es otra cosa que el armario, y saco una botella.
De pronto, suena el teléfono.
Pregunto quién es y no obtengo respuesta. Otra vez una llamada anónima, tan solo una respiración al otro lado del auricular, y un último “clic”. Cuelgo, y llamo a mi amigo Xavi para contárselo, tengo que convencerle de que no se ha tratado de una alucinación. A él, la teoría de una psicóloga que hace llamadas anónimas a sus pacientes le parece inaceptable.
-El que te llama se estaría jugando el puesto. Además, recuerdo que en alguna ocasión me hablaste de esas llamadas. Es posible que se lo hayas contado a alguien más.
-No lo creo. En fin, todo esto me produce la sensación de estar siendo controlado de alguna manera, y sé que eso se acerca a la paranoia. Ya van muchos meses desde que me llaman y me cuelgan el teléfono sistemáticamente. De todas formas, tomaré medidas para que no se repita.
-¿Qué medidas?
-No lo sé. Se puede comprar un teléfono con pantalla líquida, pero para eso hay que instalar una línea especial de telefonía. También se puede poner una denuncia, para preparar un dispositivo. Si se repite mucho, tendré que ir a la policía. Pero todavía no sé lo que haré. Me gustaría escarmentar al autor de las llamadas de una forma más artesanal.
-¿Cómo?
-Aún no lo sé.
Aquella noche cené dos barritas de régimen Bio Century con sabor a chocolate negro y blanco, y me bebí unas cuantas cervezas.
Al día siguiente me acerqué a la tienda de deportes Sportland, donde pregunté por un pito.
-¿Un silbato?
-Sí, un silbato.
-Tenemos éstos –dijo el dependiente, mostrándome una vidriera con tres tipos de silbatos. Dos eran de plástico negro, uno más pequeño que el otro. El tercero era de metal plateado. Todos venían con su cinta para colgar del cuello.
-Lo que me interesa es que pite fuerte.
-Los de metal pitan más fuerte y más agudo.
-Tal vez me lleve el de metal. Es curioso, pero aquellos de juguete, los que tenían un garbanzo dentro, ya no los hacen.
Pagué cuatrocientas pelas por el pito de árbitro. En un eslabón de la correa se leía “Made in Taiwan”. En efecto, la bola que tenía en su interior no era un garbanzo, sino una pelotita de corcho. Le quité la correa blanca para que fuese más manejable. Era un hermoso instrumento. Lo probé en el balcón de casa: pitaba fuerte y agudo. Era un auténtico destrozatímpanos.
Lo dejé preparado, al lado del teléfono.
3 comentarios »
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karramarro said,
Agosto 4, 2006 @ 9:32
¿lo llegaste a probar?
Esto del sonido agudo e irritante me ha recordado la historia del mosquitono.
A un tipo de unos grandes almacenes se le ocurrió una idea para ahuyentar a los adolescentes que se concentraban en la puerta de su local. La idea consistía en crear un sonido con una frecuencia que sólo puedan captar los adolescentes, ya que ellos tienen el oído menos jodido y captan más frecuencias. (no se si esta teoría sirve para los mascachapas que van con el bakalao a todo volumen todo el día).
Parece que la cosa triunfó y los adolescentes acabaron marchándose de su establecimiento. Pero hecha la ley, hecha la trampa. Y al final el sonido irritante se ha acabado convirtiendo en uno de esos politonos para móvil que solo pueden escuchar los adolescentes sin que sus profesores les monten el pollo cuando les suena el móvil en clase ;)
http://www.mosquitono.com/
Enrique Mochales said,
Agosto 5, 2006 @ 5:42
Qué bueno. Ayer flipé cuando me lo contaste. Yo quiero un móvil de esos.
Enrique Mochales said,
Agosto 7, 2006 @ 9:24
De hecho, yo sólo he podido oír el mosquitono ultra.