15 May
2007

La otra

vendaje.jpgLa señorita Oiane F. –residente en Bilbao- se fue de vacaciones a Méjico, y volvió a la oficina con un vendaje en la nariz. “Me he dado un golpe con la puerta del garaje”, fue la explicación que dio acerca del vendaje, accidente que fue dado por cierto, recibiendo Oiane cariñosas muestras de solidaridad por parte de sus compañeros de trabajo. No obstante, cuando Oiane se quitó el vendaje de la nariz, la evidencia de que algo extraño le había pasado a su tabique nasal saltó a la vista. En efecto, Oiane lucía una nariz perfecta, tan perfecta que resultaba un tanto insultante para todas las demás narices normales. Nunca un golpe dado con la puerta del garaje consiguió unos resultados tan fabulosos en la napia de nadie, sino más bien al contrario, así que en toda la oficina se sospechó, o más bien se proclamó, que Oiane había pasado por la mesa de operaciones del cirujano estético.

Pero ahí no acabó la cosa porque, a partir de ese momento, tras un viaje a las islas Canarias, algunos compañeros de la empresa comenzaron a detectar en Oiane otros cambios, particularmente en sus glúteos y pechos. Así pues, el cuerpo de Oiane se convirtió en un interrogante, un misterio bamboleante, un enigma de la naturaleza que todos se apresuraron a examinar para emitir un veredicto de inocencia o culpabilidad. ¿Contra qué se había golpeado esta vez? “Me caí de culo”, se limitó a decir Oiane.

La odisea de la mujer no acabó ahí. Después de un nuevo viaje, por lo visto a Praga, los labios de Oiane adquirieron el grosor de la morcilla. Eso sí que había sido un buen golpe. En algún momento, un compañero de oficina particularmente cercano sintió la tentación de preguntarle la verdad. Sin embargo, nadie, ni siquiera sus más allegados, reconocían ya a Oiane. A veces aparecía con la cara vendada. En el trabajo sólo sabían que había una persona currando en su puesto que quizás alguna vez había sido ella, pero no estaban seguros. De tal forma, Oiane desapareció, pero siguió con ellos, y sus pechos aumentaban, su boca se retransformaba, sus patas de gallo desaparecían. “¿Te acuerdas de Oiane?”, le comentaban sus compañeros, pero ella juraba y perjuraba no haber conocido nunca a esa mujer, y decía que era una pena, porque debía de ser una chica muy simpática, muy guapa, y, por lo que le habían contado, exuberante.

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5 comentarios »

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  1. matasellos
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    jaguai said,

    Mayo 16, 2007 @ 15:08

    El misterio de la transmutación del alma va quedando atrás en el top one de los grandes misterios y da paso al de la trasmutación del cuerpo. Solamente los muy atrevidos convienen en considerar que la mal llamada “moda del cambio radical” será el fundamental primer paso para llegar a comprender el estadio plasmático entre el espiritu y la materia.
    Heidegger.

  2. matasellos
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    mochales said,

    Mayo 16, 2007 @ 16:48

    Dios santo…

  3. matasellos
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    la señora roper said,

    Mayo 18, 2007 @ 12:51

    uy! esa historia me es muy familiar (anda que no nos echamos risas ni nada!!)

  4. matasellos
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    karramarro said,

    Mayo 18, 2007 @ 14:05

    Yo quiero oir esto en persona ;)

  5. matasellos
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    la señora roper said,

    Mayo 20, 2007 @ 15:13

    pues no te creas, porque la historia de Enrique mejora bastante la realidad…

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