22 Nov
2007

Un yonqui se expresa

(Texto dejado bajo del puente Cantalojas por un presunto heroinómano)

Hoy hice un recado para el gran galerista B. que quería el haschish para un pintor amigo suyo. No me dijo el nombre. Me dijo que le encantaba un porro de vez en cuando.

Cuando acabé el recado, me fui con la comisión y me pegué un pico.

Hoy hice un recado para un político comprometido socialmente. Tenía las pestañas largas y me dijo que quería conocerme, mi teléfono, y esas cosas. Me dijo que la mercancía era extraordinaria. Me dijo que me llamaría otra vez. Me invitó a un bocadillo, una cerveza, un abrazo y una china.

Hoy hice un recado para una mujer con su perro y su gran cama. El perro no me ladró, a diferencia de otros perros. Movió la cola y me olió el paquete. La mujer me ofreció café y puso la tele sin volumen. Se fumó uno delante de mí mientras yo me tomaba el café. Me contó que los árboles está tan tristes en otoño, que la vida está tan cara. Me dijo que su marido estaba en el Valle de los Caídos mirando el cielo por sus muertos. Me dijo que era maricón. Me dijo que si quería una raya de coca. Me dijo que iba a visitar enfermos de SIDA y a veces les hacía una mamada. Me dijo que si me dejaba en algún sitio con su descapotable blanco, porque salía, y que, si quería ir a un concierto de Sepultura, me regalaba invitaciones. Me dio buena propina y una petaca redonda de 1924 –con un tenista dibujado sobre pasta blanca- que vendí en una almoneda.

Hoy llueve y no he hecho recados. Aún así, me he mojado, y la calefacción de bajo consumo es demasiado cara, así que me he puesto los pantalones húmedos al llegar a casa. Tal vez un deshumidificador. Y una palangana para la maldita gotera que es tormento chino desde el año cinco mil antes de Cristo. Qué bien hacían las cosas los chinos.

¿Speed? Pues speed. Le digo que el speed es malo, que las anfetas dejaron casi de fabricarse para los deprimidos, porque luego se suicidaban. Él, o ella, me sale con el jaco. Pero usted es una persona inteligente, le digo. No debería. Tiene toda la vida por delante. Se va a poner triste y el dinero, triste, no vale de nada. Ella me dice y tú. Pero yo tengo toda la vida por detrás, y lo que es peor, también la muerte me pisa los talones. Ya no hay remedio. Pues entonces vete a dormir a una clínica. Pues entonces coge metadona. Pues entonces, mira tú, muérete. Y nada. Mejor será mantener la boca cerrada. (Después de la lluvia han salido cantidad de moscas. Qué raro, en invierno). No sé lo que voy a hacer con este speed de comisión. Algún niño habrá con ganas de romper farolas.

El material era bueno, de un color parecido al del curry, y yo existo, tranquilo, bajo los arcos. He tenido que compartir sangre debajo del puente de Cantalojas, pero una vez me rasco la cabeza se me pasa el cabreo y además si no lo hago me clava el destornillador en un ojo.

-¿Lo dejarás?

-Se lo juro por mis amigos muertos.

-¿Cuántos?

-Todos. No tengo ni uno solo.

-Estás llegando al límite.

-Ya lo sé.

-Mucha gente te quiere.

-(…)

-Mucha gente, tu padre, tu madre.

-Ya les he robado todo.

-Aún así, les queda algo que no les has robado.

Hoy he hecho un recado para… no me acuerdo… Sólo sé que me saluda por la calle cuando va solo, y siempre va solo. Así que me saluda siempre. He subido a Sanfran a verle. He escuchado hablar a unos negros y al principio me parecía que hablaban un idioma raro, curtido como el sonido de un tam-tam, pero luego me he dado cuenta de que hablaban en francés. Sí señor, soy un yonqui que habla francés. Mis padres me dieron una buena educación y me llevaron al colegio Francés. Así que no soy un yonqui cualquiera, ¿eh? Pues eso, le he visto al tío, me ha dicho lo que quería y me he metido en el portal dando vueltas para despistar. Ahí arriba me han dejado el paquete y lo he bajado como uno de estos de telepizza y nada, he sacado veinte euracos, por la cara, sólo por hacer un par de movimientos y subir unas escaleras, que en francés se dice “escaliers”, para que vean. Luego me ha invitado a tomar un café y hemos estado en el bar no-sé-qué y me ha preguntado si podría conseguir una mayor cantidad la próxima vez, porque tiene amigos que también quieren. Yo le he dicho que cuánto, y que ya quedaremos, no faltaba más, y él que muy bien, que soy un buen chico, y otra vez la tabarra de por qué no me cuido, por qué sigo con esto, que los yonquis ya no están de moda, que si tal que si cual. Yo le he dicho que ser yonqui no se elige, que se lleva en la sangre, ja, ja, ja…

-Chico, ¿qué te pasa?

-Nada, déjeme. Déjeme.

-Pero que te vas a dormir.

-(…)

-Si te quedas dormido te congelas.

-Seré comida para las gaviotas del basurero, llegaré al cielo.

-No digas chorradas. Te regurgitarán. Levántate y acompáñanos al refugio. Si no te vienes a comisaría y pasas la noche en el calabozo.

-No, el refugio no. Que me alumbran con la linterna por las noches.

-Qué bobada.

-En serio.

-Dale una patada. Que se levante.

-No, ya me levanto.

-Fuera de aquí. Si quieres dormir, te pones en un sitio discreto.

-Dónde.

-¿Vives en casa de tus padres?

-No. Tengo mi propia casa.

-Entonces vete a tu casa.

-Está lejos.

-Te llevamos en el coche patrulla.

-Ya, y luego dirán que soy un chota…

-O a tu casa o a la comisaría.

-Llévenme al Ayuntamiento.

Qué mañana ésta de puta mierda la madre que les parió a todo hijos de puta y yo sin un puto gramo me cago en su dios de verdad que me cago por las patas y este frío que no me deja ni pensar cabrones de mierda no sueltan ni un céntimo hijos de su madre para qué he nacido si no hubiera nacido no estaría aquí y mis padres hijos de la gran puta con televisor y la madre que me le parió a ese idiota no debería tener coche por qué existe la riqueza si no sirve para nada oiga por favor un eurito su puta madre bueno diez céntimos si consiguiese que me diese diez céntimos cada uno les amaría a todos si eso es amor hombre qué tal bueno chavalote que no quería nada su puta madre la madre que les parió a todos.

Hoy han encerrado a Lidia. Se conoce que ha empujado a un viejo, la Lidia, y le ha quitado el dinero. Después la han pillado en el Casco. Se la han llevado con perro y todo. Se ha montado una buena, se ha hecho un corro alrededor del coche patrulla y Lidia pegando patadas a la ventanilla, pobre mujer. Si yo les dijese que la Lidia por no tener no tiene nada más que una almeja entre las piernas. Y sólo la usa para mear. Me estoy poniendo cerdo, qué cerdo soy.

-Estupendo, ¿te has decidido por fin?

-Es que no puedo más.

-Toma. Ya verás. Esto es mejor que la heroína.

-Yo no lo creo. Esto es una mierda.

-Pero no deja efectos secundarios.

-Yo ya soy un efecto secundario andante.

-Anda, anda, no te quejes, que todo va a ir mejor. Pero tienes que prometerme que nunca más, ¿eh?

-Lo intentaré.

-No, lo intentarás no. Lo vas a hacer. Tú no eres como los otros.

-Me está ofendiendo.

-¿Por qué?

-Porque hay otros mejor que yo. Yo quiero ser como los otros.

-Eres un filósofo…

-No. Soy un puto yonqui de mierda.

-¿Metadona?

-Sí.

-¿Cuánto pides?

-Veinte.

-No, veinte no, diez.

-Bueno.

He vendido la chupa. Con este frío. Después por poco mato a un hombre. Estaba pidiendo dinero bajo los arcos y de pronto se ha cruzado y yo he insistido tanto que ha querido cruzar la carretera para huir de mí y el tranvía le ha dado un golpe. Me he llevado el susto de mi vida. El hombre se ha levantado, ileso, gracias a dios, y me ha defendido del conductor del tranvía, que venía a abroncarme. “No ha hecho nada”, le ha dicho. Cuando se marchaba he visto como cojeaba. Luego he reunido el dinero suficiente y hala, a Sanfran.

Hace tiempo que no limpio la casa. Está hecha una mierda. Dirán que no me lavo. ¿Qué tal estará Lidia?

La mujer de la gran cama y su perro huele-paquetes me han citado hoy. Esta vez no tenía ganas de hablar. Me ha dicho que lo anterior era una mierda. Y yo qué sé, que le pregunte al camello. Yo no lo pruebo. Soy legal. Tú menos legal que una mierda, me ha dicho. Que tiene amigos que me van a partir la cara como suceda otra vez. Pero bueno, tía, no te mosquees, le he dicho, pero nada. Se ha metido una raya delante de mí, y se ha quedado más tranquila. Aún así, me ha echado sin darme propina.

-Hijo, te veo mal.

-Que no, papá, que ya no me meto.

-Es mentira.

-Que no, que esto es por la metadona.

-Me han dicho que no has vuelto al dispensario.

-He ido a otro.

-¿Y eso cómo?

-Tú no entiendes nada, papá, no sabes cómo funciona la cosa. Vas a uno, y luego, si no te queda cerca, vas a otro.

-No me lo creo. ¿No te dan una tarjeta, ni nada?

-No.

-Es mentira.

-Tú no te metas mamá.

-No le hables así a tu madre.

-Lo que pasa es que no confiáis en mí.

-¿Cómo vamos a confiar en ti?

-Anda, déjame diez eurillos, papá, para la cena.

-Con la casa que te pagamos…

-¿Qué casa? ¡Eso es un antro!

-Pero tienes techo. Aquí no te quiero ver.

-Ni yo quiero volver, ¿eh?

-¿Quieres un bollo?

-No mamá…

-No le des nada.

-Hombre, el pobre chico…

-No le des nada.

-Bueno, pues vale.

-¡No le des nada! ¡He dicho que no le des nada!

Hoy he hecho un recadito con la mochila, cerca del locutorio, y han venido unos tíos en coche que se lo han llevado todo. Yo no podía hacer nada, pero el tío que me estaba vigilando me ha intentado pegar y he salido corriendo y el tío detrás. Ya no puedo ir a Sanfran. No sé lo que voy a hacer. ¿Dónde me gano los cuartos ahora? Mejor que me dé la paliza.

-¿Lo vas a dejar esta vez?

-No tengo otra cosa que hacer. Si me encuentran, me matan.

-Nadie te va a matar.

-Sí, eso lo dices tú porque estás aquí…

-Tranquilo. ¿Quiénes son?

-No puedo decírtelo. Tú qué te crees.

-Lo mejor sería que les denunciases.

-¿Y de qué les acuso?

-Yo digo que te han pegado una paliza, y ya está.

-No.

-Venga, no seas cobarde.

-No.

-Bueno, te lo piensas. Mientras tanto, no pongas un pie en la calle.

-Ya. ¿Y qué hago?

-Yo iría a casa de tus padres.

-Sí, a que me hagan la cama, ¿no?

-Seguro que si les dices que no te vas a meter nunca más, te ponen la cena y te dan un cola-cao.

Dios mío. Qué mal se pasa. Qué mal se pasa.

Mi padre ha venido a verme y me ha dicho que está muy orgulloso de mí. Mi madre no ha venido porque no la ha dejado. Está mal de los bronquios, dice. Luego me ha hablado de no-sé-qué hostias de cuando jugaba en juveniles, y de lo bien que sienta el deporte. También se ha puesto a llorar, de emoción. Es un buen padre, pero cuando se pone a llorar me toca los cojones. Venga, venga papá.

Los del hospital son muy majetes. No sé por qué dicen que la comida es mala. Jamoncito fresco y sopa y zumo y galletas. He trabajado como un chino.

(El final está incompleto. Se sigue buscando a la persona que ha escrito esto, pero la policía no tiene noticias. fuente: AgenciaX)

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6 comentarios »

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  1. matasellos
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    Enrique Mochales said,

    Noviembre 22, 2007 @ 8:58

    Tremendo empaque literario del de estas aventuras, debajolpuente debajolpuente.

  2. matasellos
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    Clifor said,

    Noviembre 23, 2007 @ 11:29

    Mochales, amigo, qué gran texto. Me ha gustado mucho tu relato. Además, cualquiera que conozca la heroína un poco de cerca, sabe que no van desencaminadas tus palabras. Ni lo que tus letras provocan.

    Saludos desde la otra ciudad.

  3. matasellos
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    jaguai said,

    Noviembre 23, 2007 @ 16:46

    Nada mal, no está nada mal. tres tramas de acción, (huida de los narcos, huida de la poli, huida de sus victimas atracadas, tres escenas dramatiquillas( donación de órganos, autocidio,mentira a su colega, robo a un niño,), un poquito de comedia, un final feliz, por favor, y tenemos una preciosa obre socio-costumbrista.

    Me ha gustado el texto

  4. matasellos
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    mochales said,

    Noviembre 24, 2007 @ 7:48

    ¡Dramatiquillo tú, tooorero, tooorero!

  5. matasellos
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    mochales said,

    Noviembre 24, 2007 @ 7:49

    P.D.: Torero.

  6. matasellos
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    Persio said,

    Diciembre 12, 2007 @ 9:23

    Pero qué bueno.

    La historia del hombre del jaco, en busca del jaco perdido… ¿El jaco es el marido de la jaca?

    Un abrazo, Mochales.

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