9 Abr
2008

Brillo

Hubo un poeta
que se enfrentó a la masa
y proclamó que el brillo de sus poemas
no era más que sudor de sus axilas.
Inmediatamente la gente,
ni corta ni perezosa,
superó la primera náusea,
dio por excéntrica la declaración
roció -por si acaso- sus libros de poemas
de desodorante
y continuó venerándole.

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2 comentarios »

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  1. matasellos
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    jariguai said,

    Abril 10, 2008 @ 17:30

    Que malo es ser fan de un-una poeta. Como un perro que ama al que le da de comer, el fan del poeta cree que le debe las palabras que le alimentan. Luego le idealiza y al final, cuando va a besarle la mano y la pluma, el poeta, ajeno al mundo ajeno, no le reconoce ni entiende su veneración. Por un momento el fan vuelve a estar solo, pero no importa, de nuevo se acurrucará en las palabras del poeta y todo seguirá como siempre.
    ¿era eso más o menos?
    Saludos Enrique, a ver si vengo más a menudo.

  2. matasellos
    Gravatar

    Dani ::. said,

    Abril 17, 2008 @ 22:16

    Ojo! Si se rocía sus libros con Axe tendermos un lío de genitales dimensiones!

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