2006
Lea la etiqueta
Mi angustia estaba compuesta de melocotón, jarabe de glucosa y fructosa, azúcar, espesante E-410 y benzoato sódico, que extendí sobre la rebanada de pan como quien reparte la soledad amarga y la acompaña de la tristeza del Omega 3 en la leche. Si tuviera que definirlo de alguna forma, diría que mi desmayo matutino se compensó parcialmente con un poema moderno de vitaminas A, D, E, y B, un aporte explícito de romántica fibra que vibraba, e incluso una hermosa metáfora en los versos del concentrado de frutas.
(Nota: La poesía de las etiquetas todavía no ha sido debidamente reconocida, ni siquiera por esos millones de personas que desayunan, comen y cenan solas y se dedican a leerlas, a recortarlas a veces, y a guardarlas como si fueran tesoros, porque cuando se está abocado a la vida solitaria, la única compañía para algunos -aparte de la radio y la tv- son los soberbios pasajes de la etiqueta y el envase. El modo de preparación ha propiciado el retorno de muchos a la Gran Literatura, y las recomendaciones culinarias cumplen la función del ensayo gastronómico, lo mismo que la información nutricional es un excelente complemento de los periódicos y los telediarios.)
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El Mochales said,
Septiembre 26, 2006 @ 6:55
¡Bien! ¡He conseguido un anuncio de Google de sobrecitos de azúcar con cucharilla!
(Esto anima mucho. Es como una sorpresa que va con cada relato.)
josune said,
Septiembre 26, 2006 @ 7:36
jo! qué suerte! encuentras los anuncios más chulos!!!