2008
Relato breve 3
Lo sé todo.
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Nada más fuera de la verdad.
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Ciempiés comienza el libro desta manera, tensa es la espera de un pie tras otro y vuelta a empezar, cuando no se sabe si el cuento es un cantar o si el cantar es un cuento, estoy que reviento, dice el ciempiés. De tanto andar. De tanto correr, no aguanta sus botas de soplador, ni su piel de tejedor, tejedor y fiero, por eso le quiero: no se toma nada en serio, aunque le cueste un amperio.
Muchos cortes de electricidad hemos vivido ya como para asustarnos, muchas voces en la sombra nos advirtieron sin razones de que algo iba mal cuando no todo marchaba tan estupendo, como el ciempiés, acompañando la corriente del río, río arriba, río arriba, río abajo.
Más tarde hacia el mar, cuando sea verano, cuando haga falta un poco de sal, Ciempiés bajará a la playa, tumbado en una hoja, muerto.
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Ça m´a fait rire… Je réconnais ton poème,
plein de vers véritables vers
accompagnés par des murs sans réveils, plein de jours
sans amours le mien, mon poème
plein de fautes barbes,
plein de nostalgie quand je te lis.
Peur être que j´ai bésoin d´une nourse,
peut être une ourse accomplie
à compris que tu as trop d´amour
pour bouleverser à son tour les versions de vers, du Casino,
la jeune
âge des folies.
C´est de ma faute la composition
et le coeur du baudrillon
sangle peut être de peur,
peut être démain
ou dans un millier d´
Âges Dorées.
J´entends l´écho
mais j´n le comprends pas, désolé
de t´avoir aimé.
A Itziar y Danny
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b
a
s
t
a
n
t
e
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Juste un coin pour un bisou
il y a plus de clous
mais de brillants rêves
a l´envèrs.
Le bijou dans la nuit
brille comme des lèvres rougis
comme une étoile
comme un soleil le bisou.
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A mi prima la mataron durante una guerra econo. Cuando había cumplido servicio, le inyectaron la pócima del nunca muerto. El nunca muerto es el ser que siempre resiste, pero nunca está.
A Inés
Ella era mi favorita, enamorado andaba yo detrás de sus faldas escocesas y su sonrisa cautivadora. Cuando hice el primerísimo rescate, me dijo con sus ojos que no le tocase eso. Yo no tuve valor, o sí, no lo recuerdo.
A medida que pasaron los años, ella se inyectó el poisson de las sorpresas, sin dar remedio a ninguno de sus planetas ni de sus planes habitados. Cuando ya no hubo más sorpresas que dar, se murió por sorpresa.
La suya fue una veleidad galante, casi gentil, pero no fuí a su ópera prima cuando más le hacía falta. Los magnates de la telecomunicación me traicionaron a mí y a mi-su sombra, y, aunque pelearon por ellas -ambas sombras- hasta el final, la última sorpresa fue que su veneno nunca muerto, veneno blanco que no negro, mató a su sombra de SIDA.
Como digo, no fui al funeral de su sombra. Me quedé charlando con ella del veneno blanco, que no negro. Y aún lo hago a veces. Genéricamente, claro está.
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