2006
Cuarenta y cinco minutos de Gloria
Cuando entró a la consulta, el sudor dibujaba en la camisa del joven una especie de mapa que parecía abarcar todo un continente ignoto. Gruesas gotas caían también por su frente y habían mojado su pelo, como una lluvia tenaz que procediese del interior de su cuerpo.
-No me gusta la sala de espera –dijo, después de sentarse-. No lo puedo evitar. Me da la sensación de que los otros me analizan, de que se comparan conmigo. Creo que en el fondo se preguntan: ¿A este le pasa lo mismo que a mí? Siempre que entro, empiezo a sudar –se lamentó, y añadió-: Parte de culpa la tienen también esas luces halógenas. No sé dónde leí que la mitad de las luces halógenas del mundo están en el País Vasco.
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