2006
Cyberpulp (2)
El paseador de perros
Nota: Todo parecido de las situaciones, personajes u organizaciones descritos en este relato -que se desarrolla en un hipotético futuro- con situaciones, personajes u organizaciones de la actualidad es pura coincidencia.
1.
El chico está sentado en el banco de una pequeña plaza, en medio de un grupo de canes. Cuando el viejo se acerca, un enorme perro blanco se dirige hacia él, moviendo la cola. Le atrapa la mano suavemente entre los dientes –el hombre siente la pegajosa baba deslizándose entre sus dedos- y le conduce al banco donde se arremolinan los otros perros. Mientras se acerca, una especie de ladrido suena en su mente. Es un bufido ronco, pero inteligible. “Bienvenido”, dice, y después añade: “¿Tienes una galleta?”
-Discúlpale –dice el joven-. Aunque sea un psi, sigue siendo un perro. Y, sin embargo, daría la vida por mí.
-¿Un psi? ¿De qué me habla? –pregunta el otro, mientras se sienta en el banco, intentando ajustarse el vendaje-. Permítame que me siente aquí. Estoy muy cansado, y he recibido un golpe muy fuerte en la cabeza. Además, me sucede algo muy extraño. Oigo voces. “Aunque usted ya debe saber de qué se trata”- añade mentalmente, sin proponérselo.
“Si prefieres que hablemos en modo hermético, de acuerdo, pero no me trates de usted. La Comunidad no usa esos formulismos. Me llamo Gorriti. Me dicen así por el color de mi cara, ¿ves? Siempre está roja. Puede que aún no sepas dónde te has metido, pero me han encargado que te facilite el contacto con los otros. No podrás leerme la mente, porque ni siquiera yo sé dónde están. Ellos saben que soy un misántropo, y que me posiciono con los teóricos que aconsejan la extinción de la humanidad por el bien del Universo. Por eso no se fían de mí. Pero tranquilízate: mis principios me impiden matar. Puede que resulte ridículo: no me gusta la humanidad y sin embargo estoy aquí para ayudar”.
-Pero te gustan los perros –replica el anciano, sin poder evitar utilizar el modo abierto.
“Sí, me gustan los perros”, contesta el chaval, recuperando el modo hermético: “Todavía no has hablado lo suficiente con un perro. Te llevarías más de una sorpresa. Cuando tienen el estómago lleno, son auténticos filósofos”.
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