2006
De perros y hombres
He visto por la televisión un video-denuncia que mostraba a un hombre propinando sádicamente una paliza de diez minutos a su propio perro, atado con una cadena en el jardín. Primero le pegaba con un cable, luego con un palo, y más tarde con una tubería. Sus movimientos eran rutinarios, cuando se cansaba de utilizar el palo, se acercaba hasta el cobertizo de las herramientas -situado a unos cuantos metros- cambiaba de arma, y volvía para proseguir con su labor metódicamente. El perro -un pastor alemán- se lamentaba a cada golpe, aullaba de dolor, intentaba esquivar los porrazos, pero no se defendía.
Al individuo le han multado con 6000 euros. Sus vecinos, por otro lado, han manifestado su apoyo y solidaridad con el maltratador (o torturador) ante las cámaras. Una señora decía: “Le pega, sí, pero porque se le come los animales”.
España profunda.
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