Archive for Octubre, 2006

Para reír:Las flappers, en la noche temática del sábado 28 en la 2.

Para llorar: un reportaje esclarecedor sobre los GAL en la ETB –aprovechando el inminente estreno de la película del mismo nombre- ayer domingo 29, a partir de medianoche.

Recomiendo a quien pueda, tenga tiempo y le apetezca, que los busque: merecen la pena.

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29 Oct
2006

Nos veremos ayer

piyucos.jpg(Dedicado a Xaguar, de quien he tomado prestado el seudónimo sin su permiso)

El fragor de una motora molestó al jefe Xaguar a la hora de su siesta. “Qué pesado es el hombre blanco”, pensó.

-Saludos, jefe –dijo el forastero, viejo conocido de los indígenas.

Se le había visto por el poblado hacía tan solo dos lunas, así que el visitante era -desde una óptica occidental- como el vecino que siempre se encuentra uno en el ascensor. A causa de su calvicie y su barba, se le conocía por “el hombre que lleva el pelo al revés”.

El jefe levantó la pipa, y enseñó los renegridos dientes en señal de bienvenida. Después le invitó a sentarse a su lado.
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Cuernopoptilus.jpgStockholm, 17 de enero de 1910

Caballero, creo que sus observaciones sobre el Cuernopoptilus Estreclorexis, están, en su base, equivocadas. El Cuernopoptilus no usa las pelotas que fabrica, exclusivamente, para poner huevos -como su primo el escarabajo pelotero- sino que, en cierta forma, se divierte con ellas. Sí, mi querido colega, el Cuernopoptilus ha descubierto el aspecto lúdico de las pelotas de excremento. No hay más que fijarse en el movimiento de sus antenas para entender que está gozando cuando las maneja, virtuosamente, con sus patitas. Son muchos años en su compañía, observando este tipo de fenómenos, como para negarle la facultad del juego. ¿Por qué no va a jugar un escarabajo?
¿Salto en la evolución? Usted y yo sabemos que eso es improbable. Acaso se trate de una facultad que siempre ha tenido. Esto modifica considerablemente nuestras teorías. Si me permite expresarlo de una manera un tanto impetuosa, estoy entusiasmado por estos resultados.

Esperando su opinión al respecto, me despido.(…)

Hong Kong, 28 de enero de 1910

Mi querido colega, recibo sus últimas teorías con ilusión, pero también con cierto escepticismo. Debería estudiar usted al Cuernopoptilus sobre el terreno. Usan sus pelotas de una forma diferente al del escarabajo pelotero, toda la comunidad entomológica está de acuerdo, pero de ahí a que los cuernopoptilus jueguen con su pelota –a que un insecto tenga la capacidad de jugar- hay una distancia abismal. ¿No cree que sobreestima la inteligencia del Cuernopoptilus? Si, ya sé, me sacará usted a colación el ejemplo de las termitas, pero recuerde que nuestro escarabajo tiene el cerebro del tamaño de una aguja de alfiler.

Agradeciéndole, de todos modos, su interés en comunicarme los resultados de su investigación, que no comparto, me despido.(…)
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26 Oct
2006

Escala en Estambul

cuerno-de-oro.jpgCuando el capitán del Queen Berta -que se había vestido de gala, y tomaba el té en cubierta con varios ilustres pasajeros- reveló en rigurosa primicia que el famoso Hércules Poirot había subido a bordo en Mykonos, algunos de sus invitados le miraron con cierta aprensión.

-¿Hércules Poirot? –dijo una vieja dama, tocada con un anticuado recogido victoriano-. Oh, my god. Tuve la oportunidad de conocerle en una ocasión, en El Cairo. Qué hombre. Tan pringoso, tan perfumado y repeinado… y siempre con algún caso que resolver.

-Pero, ¿por qué utiliza ése tono para referirse a él, condesa? –le reprendió el capitán-. No me parece correcto. Se trata de Poirot. Sin duda alguna, el mejor detective del mundo, y tal vez el más famoso.

-Ya… Eso no lo negamos –dijo otro pasajero, vestido de levita, que movía ruidosamente su cuchara dentro de la taza de té-. Pero usted comprenderá que llevar a Hércules Poirot en el pasaje es, por decirlo de alguna manera, altamente preocupante, ¿no?
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El general victorioso se acercó a su enemigo, que acababa de rendirse.

-¿Cómo habéis logrado diezmar mis tropas? –dijo el general vencido-. ¡Os superábamos tres veces en número! He de quitarme el sombrero ante Vos –añadió, en un tono respetuoso, y preguntó-: ¿Se trata acaso del material del que están hechas vuestras espadas, o de un nuevo tipo de mosquete?

-Ustedes creen que dominamos a los pueblos a causa de nuestras espadas y nuestros mosquetes –dijo el vencedor, usando la lengua del derrotado-. Pero, en realidad, lo hacemos gracias a nuestro idioma, que está mucho más avanzado que el suyo. El lenguaje puede ser peor que un arma, y mi civilización ha logrado lo que a otras les costaría un siglo conseguir: lo hemos sintetizado.

-Pero, eso es impensable… –dijo su colega-. ¿Qué hay de especial en su lenguaje que hace que sea mejor que el nuestro?

-Muy sencillo -respondió el otro-: ¿Cómo ordenaría a sus soldados que cargasen sus mosquetes y disparasen?

-Pues, les diría: “¡Soldados: cargad vuestros mosquetes, y fuego a discreción!”

-Nosotros diríamos sencillamente: “Ra-ta-tá”. Entre que sus soldados están escuchando su orden, los nuestros ya han disparado por lo menos tres o cuatro veces.
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23 Oct
2006

El pozo sin fondo

pozo.jpg(Dedicado a Duna, que me recordó la existencia de estos agujeros extraordinarios, a Paulo, que me aclaró el concepto de la palabra Yahvé, y a Ade, que me regaló un bloc de notas -titulado “Divinas Palabras”- donde di forma a éste y otros relatos que han aparecido finalmente publicados aquí. He pensado que, si se trata de dedicar un cuento, mejor aprovecho y se lo dedico a tres)

No recordaba exactamente cuando caí en el pozo sin fondo. Sólo sabía que llevaba años cayendo, y que se me habían acabado los cigarrillos. Por descontado que la caída era muy desagradable, y uno no acababa nunca de coger postura. Además, estaba convencido de que jamás volvería a ver a nadie. De pronto, cuando ya le había cogido cierto gusto a la soledad, como si el destino se empeñase en llevarme la contraria, apareció otro cuerpo que caía junto a mí.

-Hola –le saludé, bastante ilusionado de poder hablar con alguien-. No sabía que hubiese alguien más cayendo en este pozo sin fondo. Creí que este agujero era exclusivamente mío, o, por lo menos, eso es lo que me habían asegurado. ¿Podría decirme cómo se llama, si no le importa? Es que hace mucho tiempo que no oigo ningún nombre.

-Soy Lucifer –dijo el extraño, que vestía de Armani.

-Creí que el último Papa muerto había declarado que el infierno no existe –razoné-. Así que estará usted intentando encontrar vivienda, ¿no?
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Todo el mundo debería haber tenido al menos una revelación una vez en su vida. Yo, por mi parte, un buen día empecé a barruntar que un escritor es una gallina. No sé cómo me entró semejante idea en la cabeza, pero nada me demostraba lo contrario. Algo que no se puede refutar con razonamientos lógicos, tiene ciertos visos de realidad. Además, mi casa parecía un gallinero. Éste y otros indicios, aparte de una serie de argumentos filosóficos -un tanto farragosos para desarrollarlos aquí- me llevaron al absoluto convencimiento de la triste verdad: un escritor es, en realidad, una gallina.

No obstante, aunque un literato sea en realidad una gallina, eso no quiere decir que cloquee, ni que escarbe con el pie en la tierra en busca de gusanos, y mucho menos que ponga huevos. Un escritor, lógicamente, pone novelas. Consciente de que hacía mucho tiempo que no cumplía con mis obligaciones, estuve toda la noche escribiendo, y puse una novela con tanta sustancia y frescura, que un crítico la habría considerado de dos yemas. Agotado por el esfuerzo, no tuve fuerzas para llegar a la cama, y caí dormido sobre mi mesa de trabajo.

De madrugada, soñé que el tejado de mi casa se abría, con un chirrido lacerante, como si tuviese bisagras. Una mano gigantesca bajó de las nubes y me acarició el lomo. Acto seguido, con extremo cuidado, me alzó ligeramente y cogió el manuscrito, sobre el que me había quedado dormido. Después, se lo llevó.

A la mañana siguiente, la novela ya no estaba sobre mi mesa y, aunque la busqué por todas partes, no logré encontrarla. A pesar de que a ustedes -que no creen en los escritores-gallina- les parezca todo un absurdo, yo sospecho que fue cosa del granjero.

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20 Oct
2006

Operación Parnaso

Operación-Parnaso.jpgLe marcaron con un rotulador gastado el número 01313 en una pegatina sobre el pecho, y se colocó obedientemente en la fila. Cuando le llegó el turno, le mostraron la puerta de la sala de pruebas y entró con paso firme, siendo inmediatamente apuntado con una “V” en la lista de los entrevistadores.

-Bueno, enséñanos lo que sabes hacer –dijo la voz femenina de una de las encargadas del casting.

-Me salen muy bien los relatos a lo Raymond Carver –respondió el entrevistado, bajo los focos.

-¿Sólo te sabes Raymond Carver?

-Bueno, es el único que se me ha ocurrido ahora. Es que estoy muy nervioso –se disculpó, con una sonrisa-. ¿Quieren que les lea algo de lo que he escrito?

-Bueno.

El joven sacó unos folios un poco arrugados del bolsillo posterior de su pantalón vaquero, y recitó:

-”El crepúsculo es la hora a la que salen los fantasmas. No hace falta escuchar las lúgubres campanadas para darse cuenta de que el atardecer es una postal para muertos, una carta enviada al otro mundo. Así que, por favor, no me mandes postales de atardeceres… No me des por muerto.”
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19 Oct
2006

Día de pic-nic

idílico.jpgUn día de primavera, mi novia Elisenda y yo decidimos ir al parque de pic-nic, con la cesta, el mantel, los fiambres y una botella de vino. Mientras devoraba su bocadillo, Elisenda se admiraba del precioso día que hacía, y de lo bien que se estaba en el parque de los patos.

-Me da envidia tu felicidad, Elisenda –le confesé, atisbando unas nubes en segundo plano-. Seguro que el horizonte que te toca a ti está despejado. Estoy convencido de que vivimos en mundos diferentes, y me gusta más el tuyo, es más amable, más luminoso y, en definitiva, mucho más acogedor.

Elisenda ronroneó de placer.

-Fíjate cómo está la gente, sin camiseta, y con los pantalones arremangados… Llega la primavera. Qué gozada. Deberías aprender a disfrutar, y, sobre todo, a ser más positivo.

Efectivamente, detrás de mí, el verde esmeralda del prado parecía estallar bajo los rayos del sol, y la composición de las figuras tendidas sobre la hierba tenía la lánguida armonía de un cuadro puntillista de Seurat. Un agradable perfume a hierba fresca indicaba que el césped estaba recién cortado. Estornudé cuatro veces seguidas a causa del polen, y me soné la nariz con una servilleta de papel.

-Sí –insistí-. Reconozco que tienes toda la razón. Debería ser más optimista, más positivo, como tú dices. Y saber mirarlo todo con buenos ojos -resumí, mientras me limpiaba los míos con el pañuelo, porque estaban bastante irritados a causa de la alergia.

-Bueno, todo depende también de adónde se mire –dijo Elisenda.

Justo en ése preciso instante vi un pato muerto flotando en el agua del canal, a sus espaldas. No se lo comuniqué, porque estábamos comiendo.
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cortina en jirones.jpg-Pero, ¿en qué se basa para sospechar que soy un espía? -dijo el interrogado número veinticinco del día, que se sentaba a la mesa del despacho de Interrogatorios Rutinarios, frente al funcionario encargado del caso. Sólo había una ventana en la habitación y las persianas estaban cerradas por el calor, pero la brisa movía los jirones rotos de las cortinas blancas con languidez.

-Muy sencillo –respondió el funcionario, revisando los papeles-. El Estado mandó hacer una estadística y un análisis de población. Usted es totalmente normal, discreto, padre de familia, con un trabajo conocido, amigos y una vida que no llama la atención. Eso nos lleva a sospechar directamente de usted.

-Pero, ¿no le parece absurdo? Yo he intentado durante toda mi vida no sobresalir, precisamente para no tener problemas –se explicó el hombrecito-. Pero, por sus palabras se diría que tengo que hacer algo extravagante para que no se dude de mí.

-En primer lugar, tiene que acercarse usted más al Partido, hacerse notar: que vean que está ahí. Entonces pasará inadvertido para nosotros –dijo el funcionario.

-Así que para pasar inadvertido a los ojos del Partido, tengo que llamar su atención –reflexionó el otro-. ¿No es un tanto contradictorio?
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