2007
El “holter” de los generosos
Aquí estoy, con un montón de cables pegados a mi cuerpo por ventosas y una especie de transistor en mi cintura. Eso es un “holter”. Sirve para medir los latidos del corazón y hacer un electro durante veinticuatro horas. Antes, te pedían que describieses lo que hacías durante las veinticuatro horas. Por ejemplo, si te cascas unja paja deberías poner, en teoría: “Sexo en solitario”, lo cual produciría algo así como el perfil de la basílica de Begoña en el electrocardiograma. Ahora, por lo visto, la cosa se ha modernizado y ya no piden esas cosas. Lo único, que pulses un botón si sientes palpitaciones, o algo así. Ayer se me olvidó pulsarlo un par de veces, pero hoy lo he hecho. Me encantaría subirme a una montaña rusa ahora para ver los dibujitos que eso produciría en el registro. Me convertiría en un dibujante de electros, una nueva especialidad de las Bellas Artes.
Esta tarde, a las ocho, me quitan por fin el cacharro. Estoy contento, porque la verdad es que resulta bastante incómodo llevarlo. Total, para que me digan que tengo una arritmia bigeminiana, o alguna de esas cosas del horóscopo que te pueden llevar al hospital para que te metan un catéter y hala: el corazón en primer plano. La primera vez que me pusieron un “holter”, acabé en el hospital y me dijeron que tenía el corazón muy grande, que a ver si habia hecho mucho deporte. Yo contesté que deportista no, pero sí generoso.
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