8 Oct
2007
2007
La guerra
Nos dijo el general:
¡Ni para amar estáis entrenados!
Nosotros nos reímos
pero después habló el capellán
que nos amenazó con el infierno.
Desde entonces estamos rezando
para que nuestros besos sean limpios,
nuestros abrazos castos,
y para no pensar siempre en el sexo
hacemos flexiones, ejercicios de bayoneta,
abrimos trincheras contra las mujeres.
Y en el confesionario delatamos
a sus vaginas, instrumentos del diablo,
y juramos no mirarlas nunca,
a no ser con ojos de padre,
a no ser con los ojos arrancados.
No obstante, la retaguardia se acerca tanto
que parece que vamos a perder la guerra,
ya sólo quedan generales y capellanes
en primera línea de fuego.
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