6 Nov
2007
2007
Saludos
Perdí dos amigos.
Me dejaron de hablar
porque a ellos no les gustaban
los encurtidos
y a mí sí:
grave problema.
¡Pepe!, le gritaba yo a él.
¡Pepita!, le gritaba yo a ella.
Pues ahora que no me saludaban,
quería yo saludarles bien alto.
Por fin, sin avisar,
un mayo de tardías aguas,
en una terraza mojada
-donde nadie se sentaba-
se dignaron decir hola qué tal.
Cuando yo intenté hacer lo propio,
me atraganté con un hueso de aceituna “La Española”
y me morí.
Me organizaron un buen funeral
y en mi honor pusieron
olivas en el velatorio.
Aunque yo no lo supiera
había ganado la partida:
justo cuando me importaba un güito.
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