2007
Motín
Queremos vestir con
chambergo.
Queremos ir
a la moda
de París.
¡Abajo el despotismo
de la inteligencia!
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Queremos vestir con
chambergo.
Queremos ir
a la moda
de París.
¡Abajo el despotismo
de la inteligencia!
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“No se mueva, le estoy leyendo”, parece decir un señor con gafas oscuras que no pierde de vista al hombre tatuado. Eso, en el peor de los casos, puede llegar a poner al hombre nervioso, sobre todo cuando alguien se dedica a leerle el cuerpo por encima del hombro, en la playa, aunque hace ya tiempo que debería haberse acostumbrado. La gente les pega una ojeada a los titulares y las fotografías de portada en su pecho. Y algunos se detienen en la Bolsa, las páginas rosas de economía, que suelen estar colocadas en su cuerpo caprichosamente, en algún pliegue difícil. Al hombre tatuado no le disgusta que una mujer vaya directamente al suplemento. Y además lo constata para sus adentros: “Me está mirando el suplemento”.
Al hombre tatuado no le enoja que un niño se ponga a rellenar los juegos infantiles de su ombligo, mientras no le haga demasiadas cosquillas. A pesar de que despierta gran interés entre los pequeños, los padres no dejan que sus hijos se le acerquen mucho, y, en general, toda la gente se aleja prudentemente de él en la playa, como si tomara la distancia correcta para leer bien. Al hombre tatuado eso no le molesta: lo único que le produce escalofríos es que le lean las noticias que tiene en la nuca. Con el sol las tipografías suelen broncearse, puesto que la melanina oscurece las letras de imprenta y la tinta azulada se pone seria, sobre todo en espalda y cuello, dotando al periódico andante de un contraste superior.
Pronto, los lectores del pellejo ajeno acaban por descubrir que el hombre está atrasado… ¡Lo suficiente para recordar por siempre la fecha en la que salió en primera página! En un articulito ilustrado con su foto afirmaba que iba a tatuarse todo el cuerpo con el mismísimo periódico del día. Y así lo hizo. La instantánea de su rostro quedó impresa justo en el culo, en la nalga izquierda. El diario le hizo un homenaje, y luego todo se olvidó. Demasiado tarde para el láser. Al día siguiente, ya no era noticia. Años después, sólo un viejo con la actualidad arrugada. Y con herrumbrosos misiles cubanos en las pelotas.
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