2008
La billavillana
Después de un largo periplo por la intelectualidad bilbaina, que no bilbaína –con qué derecho se apropia el famoso Club de la denominación de origen- el vagamundos que gritaba ser el sereno de Bilbao: “A mí me lo robaron todo. Todos. Me robaron la herencia. Todo me lo robaron. Y sobre todo aquél partido. Los partidistas sacaron buen partido de mí. Buen partido hizo el Athletic el otro día, caballero”, volvió al silencio después de la etapa reina, el paro.
Como si de un deportista avezado se tratase, los poetas volvieron a componer rimas de infarto sobre él, y los coordinadores que medían el caótico tráfico de la villa -entre truhanes y escritores- abroncaban a algún que otro director de orquesta despistado -que dirigía sin saberlo, y manejaba el pito y las batutas como una hawaiana- confundiéndole con él.
El hombre que podía haber servido de Sereno volvió a su hogar, donde quiera que estuviese, y por las calles se echaron de menos –o de más- sus gritos bienhumorados pero malhallados, sus ademanes wagnerianos, sus tempestuosos ataques de buena educación: “¿Le conozco caballero?”. Continuar leyendo »
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