Entrevista
(con el psiquiatra)
¿Qué tal te encuentras?
Bien, tirando, como se suele decir, si descontamos que me echaron del trabajo hace un par de semanas. Mi jefe me dijo: “Mochales, creo que manteniéndote en ese puesto estamos desaprovechando tu talento”. Acto seguido, me puso de patitas en la calle. Como comprenderás, inmediatamente decidí que ya no quería escribir más en aquél soporte, sino que me apetecía explorar otros campos.
¿Crees que influyó tu situación mental para que te echasen?
No podría asegurarlo. En todo caso, era un mérito para el diario haber dado trabajo a un esquizofrénico. Tengo que confesar que yo oculté durante el tiempo que pude mi enfermedad, y que trabajé incluso en plena crisis. Algunos artículos eran deliberadamente surrealistas, y no entrañaban necesariamente una opinión clara. Por ejemplo, una periodista mejicana me llamó una vez creyendo que había restos arqueológicos vascos de hace miles de años debajo del Guggenheim, como yo contaba en una de mis columnas.
¿Y por qué no escribes otro libro?
No aspiro especialmente a escribir un nuevo libro. Esta aparente falta de ambición se puede considerar, en cierto modo, como una especie de compromiso con la cantidad de papel que se gasta tan vanamente. La obsesión por publicar, que en un principio consideraba hasta cierto punto lógica, ahora me parece un síntoma de locura. A pesar de todo, si lo pensamos bien, estoy publicando en el aire, por decirlo de alguna manera. Quizás algún día llegue la hora de detener el desarrollo de estos textos, y capturarlos sobre papel, o quizás no llegue nunca. Mientras tanto, seguirán vivos, y serán susceptibles de cambiar o crecer a su antojo, o simplemente de desaparecer, sin necesidad de quedar impresos. Algunos escritores opinan que, con esto de Internet, el filtro de las editoriales ha desaparecido, y que ahora todo el mundo puede dedicarse a escribir. Yo me felicito por ello. Si no les gusta, les recomiendo, simplemente, que no entren. Si, por el contrario, se deciden a visitarnos, te aseguro que los que escribimos en un blog les recibiremos con los brazos abiertos.
Obra sobre papel:
“Mermelada Amarga”, Enrique Mochales; Ed.UNED. Centro asociado de Bizkaia, Bilbao 1993 (descatalogado e imposible de encontrar, a no ser que quede algún ejemplar en las bibliotecas).
“Me das miedo cuando bailas”, Enrique Mochales; Ed. Huerga Y Fierro, 2000, Madrid.
“Azufre”, Enrique Mochales; Ed. Laia, Colección Esencias, 2001, Barcelona.
(Nota: El autor no recomienda especialmente su lectura.)
Colaboraciones literarias:
Posdata:
El que no se deja aconsejar es un idiota. Para beneficiarse sólo de los buenos consejos, hay que aguantarlos todos con cara de póker, y hasta el peor consejo tiene algo de pedagógico (por ejemplo, saber que has de hacer caso, omiso el consejo). Si yo estuviese solo en el mundo, no podría -ni querría- escribir. He recibido consejos -y, por qué no, ideas- de Paul Eluard y de Raymond Carver, pero también de la panadera de la esquina (que no sé cómo se llama) y del amigo que se toma una cerveza conmigo (Paulo, Javi, Diego, Silvia, Irene, Nagore, Quique, Romera, Emilio, Pirulo, Canti, Oscar, Oskitar, Patri, Patri (bis), Marta, Carmen, Mariona, Nuria, Kristian y otros que no olvido). Sin ellos, sin vivir con ellos, no podría, insisto, escribir. No me gusta la gente que, llevada por un absurdo Ego exclusivo y excluyente, se cree genuina autora de todo el Universo, y no reconoce las ideas ajenas que fluyen a su alrededor. Yo soy de aquellos que piensan que el aprendizaje no acaba nunca, y que a veces sabe más un barrendero del trabajo del presidente ejecutivo que un presidente ejecutivo del trabajo de un barrendero. Como decía mi abuelo “Nul métier est sot”. Sirvan estas líneas para agradecer a mis amigos su presencia en esta página de mi vida, e incluso sus silencios y sus ausencias pasadas o presentes, imperfectas o pluscuamperfectas, porque sin ellos ni la vida ni la literatura tendrían sentido.
